Cómo pensar el desarrollo de la ciudad de El Alto

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(*) Pablo Mamani Ramírez

En El Alto todo pasa y todos pasan por la Ceja. Uno de los principales problemas de la ciudad de El Alto es la dificultad de manejar adecuadamente por la cantidad de vehículos que circulan por sus calles y el lugar de mayor congestionamiento es la Ceja.

No es el único: Cruce Villa Adela, la avenida Ballivián, la extranca de Río Seco, la Costanera al norte, la extranca de Senkata, el cuartel Ingavi (ahora empeorado por el teleférico Lila), la avenida Tiwanaku, el cruce Mayo y algunos otros puntos más que convierten a esta ciudad en un permanente atolladero.

Todo esto tiene relación directa con una inadecuada planificación del uso del espacio público de las autoridades locales y nacionales. El Alto es una ciudad con una gran dinámica económica que es obstruida por el tipo de transporte público y privado que colma sus calles. Al ser una ciudad extensa y dispersa, la gente no puede ir de un lugar a otro rápidamente, pese al transporte por cable.

Por ello, las arterias se llenan de buses, minibuses y taxis que, al no tener control de tráfico, hacen imposible la normal circulación.

El problema es estructural: falta autoridad del gobierno municipal y de la Policía de Tránsito, a lo que se suma la cultura de los alteños que contribuye al caos. Todos los transportistas quieren pasar por la Ceja para bajar a la ciudad de La Paz, para ir hacia el norte o incluso para ir a Ciudad Satélite. Nadie usa vías alternativas.

Por ejemplo, para ir a Satélite desde Senkata o Villa Adela se puede usar el puente Bolivia; y para trasladarse a la Universidad Pública de El Alto -que cuenta con miles de estudiantes- se puede usar una conexión directa por avenida Bolivia y Costanera, con parada en los alrededores del teleférico Azul de la UPEA. Pero los transportistas siguen usando las troncales.

El comercio en la ciudad de El Alto

A ello se suma una enorme cantidad de comerciantes que también se instalan con preponderancia en la Ceja y sus alrededores, a pesar de que tienen otros espacios para ello. Actualmente, diversas asociaciones de comerciantes han loteado el espacio público de la céntrica Ceja.

Se complementa el caótico escenario con la falta de pasos a desnivel, lo que además complica y expone a los transeúntes, que se pierden en esta maraña de vehículos y vendedores.

Otro aspecto preocupante es la inseguridad ciudadana. En la Ceja, a partir de las 19:00, la Policía desaparece -más aun cuando llueve-. Esto es aprovechado por los delincuentes para robar, sin mencionar que la falta de control incrementa el gran congestionamiento vehicular.

Finalmente, la ciudad de El Alto, especialmente el núcleo que representa la Ceja, es tierra de nadie, pues los choferes no respetan los semáforos y hacen “lo que quieren” en esta zona, aunque luego, cuando bajan al centro paceño, cumplen las normas vigentes, como si se tratara de otro contexto. Los pasajeros siguen la misma lógica y suben o bajan donde sea, sin respetar paradas de transporte.

Todo este complejo panorama diario empeora durante las numerosos fiestas folklóricas, que ocupan avenidas íntegras.

La solución ignorada

La paradoja del problema del transporte público en la ciudad de El Alto es que esta urbe tiene suficiente espacio geográfico para tener un tráfico fluido y manejable. La mancha urbana es de alrededor de 400 km2 con 1.200 juntas vecinales (de las cuales un 15% son clandestinas). Sin embargo, las amplias avenidas, como la Estructurante, Litoral, Ojos del Salado, Chilcani, etc., no son funcionales para el transporte masivo.

Cinco grandes avenidas, como la 6 de Marzo, Juan Pablo II, Julio C. Valdés, Cívica o Costanera, son las únicas usadas por un numeroso ejército de vehículos de transporte público, las otras vías quedan mal aprovechadas: algunas solo tienen partes con asfalto y el resto es de tierra, y se las utiliza para venta de autos, como sucede con la zona Franca en la 6 de Marzo.

Las grandes ciudades del mundo como Hong Kong, Ciudad de México, Washington y otras también tienen problemas de tráfico vehicular, pero poseen políticas claras de transporte público y se basan en proyectos de crecimiento a largo plazo.

Las avenidas, además de viabilizar el transporte, deben tener funcionalidad con espacios verdes y vías para peatones o ciclistas. En El Alto, bajo el pretexto de las bajas temperaturas, se justifica que no exista este tipo de iniciativas.

¿Existe un bajo nivel de presupuesto municipal, departamental y nacional? Hay que reconocer que en esto radica gran parte de los problemas que no consiguen superarse. El Alto pujante e histórico no ha recibido financiamientos económico en la misma proporción que otras regiones del país, a pesar de que su ritmo de crecimiento así lo demanda.

Si bien la ciudad de El Alto ha crecido y mejorado la calidad de vida de sus ciudadanos en forma apreciable desde 2003, no ha recibido la debida atención ni del Gobierno central ni del gobierno local. La ausencia de grandes obras que sean parte de planes de desarrollo y crecimiento planificado es evidente.

Bajo esas condiciones es difícil pensar un plan y una visión de El Alto a 50 años. Los partidos políticos y sus dirigentes solamente ofrecen planes coyunturales para los años inmediatos, sin un horizonte mayor.

El Alto ¿Una ciudad del futuro?

Son estos los factores que impiden tener una visión amplia para imaginar la ciudad del futuro, dentro de lo que se podría contemplar, por ejemplo, construir una ciudad metropolitana e internacional aprovechando sus conexiones con Chile y Perú y su ubicación estratégica que la proyecta con el norte y la Amazonia de La Paz y Beni, sus valles y el gigante Brasil.

La ausencia de esta visión se debe a que la Alcaldía crónicamente ha sido loteada por un sistema clientelar de actores corporativos o individuales que tratan de sacar los mayores beneficios, sin pensar en el devenir de una ciudad “millennial” y sin pensar lo público de otra manera, con identidad propia.

Esta necesidad se expresa con visos de urgencia porque, además, El Alto se ha extendido raudamente. Al sur llega hasta Achica Arriba y al norte está llegando hasta Cucuta, que hasta el 2003 era un área rural. En todo este sector existen nuevos barrios con muchas necesidades.

Pero, además, se requieren cinematecas, centros de información y documentación, ciclovías, y actividades sociales barriales, como aspira toda ciudad del mundo. La ciudad siempre crea estrés y problemas emocionales, por ello es vital la vida social pública y la preservación de un ambiente urbano acogedor.

Sin bien los cholets y las nuevas construcciones de edificios robóticos hacen parte de un nuevo paisaje urbanístico alteño, se requiere una reforma de la ciudad porque de aquí a 20 años va a ser inhabitable. El ímpetu que tiene la gente es muy grande, pero colisiona con la falta de una visión larga de la ciudad.

El Alto está unido a Viacha y pronto lo hará con Pucarani, Achocalla, con Villa Remedios (carretera a la ciudad de Oruro), etc. Es por ello que requiere de una clase política con la misma sagacidad y espíritu que tiene la gente alteña. ¿Qué mejor ejemplo que haber construido una ciudad sobre 4.000 metros sobre el nivel del mar?

(*) Pablo Mamani Ramírez es sociólogo y docente de la UPEA y UMSA

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