Always Ready 2 Wilstermann 2: Villa Ingenio era una fiesta

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Por Ricardo Bajo (*)  

Llegar al Estadio Municipal de El Alto en Villa Ingenio, a 4.095 metros sobre el nivel del mar, es fácil si lo haces volando por los cielos. La Línea Roja del Teleférico (desde la Estación Central) te deja en diez minutos en la 16 de julio para conectar al toque con la Línea Azul, todo por cinco pesitos.

En 20 minutos te plantas en la ex tranca de Río Seco. Minutos antes de llegar a la última parada, desde los aires silenciosos, se puede ver la coqueta cancha, también azul, con el Huayna Potosí (6.088 metros) de fondo, imponente y protector.

Entrar al estadio no es fácil si no tienes botas de goma para saltar pequeños riachuelos, sortear calles resbaladizas de barro por doquier y hacer largas colas. Una vez dentro, las abrumadoras “vuvuzelas” te llevan a otro lugar, al Mundial de Sudáfrica donde el sonido ensordecedor lo tapaba todo: los cánticos de la hinchada, los pitidos del “referee”, las órdenes desde la banca, los gritos de gol…

El público alteño de Always Ready también es de otra época: familias al completo con bebés incluidos, degustando entre hermosas polleras ricos platillos con cuchara, salchipapas calientes, chicharrones de pollo y, de postre, la ola mexicana para alentar a los “millonarios”. La virginal hinchada de la “banda roja” no reniega, no insulta, no maldice cuando uno de los suyos malogra un gol hecho.

En el descanso, la dirigencia del club nacido en el barrio de Miraflores en plena Guerra del Chaco regala pelotas multicolores, haciendo feliz a decenas de niños y niñas que no podrán olvidar el regreso de un histórico a la liga, casi 28 años después.

La reciprocidad late al grito de “Always, Always”. El “score” marca un justo 2-0 con un equipo local jugando a la contra con jugadores hambrientos de revancha como el sueco-orureño Smedberg, Ferreira, Olivares, Galindo, Cabrera, Ovejero… Ese resultado es el peor del mundo y Wilstermann, con uno menos, reacciona para empatar con justicia y arrancar un puntito de la fiesta de Villa Ingenio.

(*)  Ricardo Bajo es periodista

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