El Alto y la pobreza

0
100

Por: Ricardo Mamani Ortega (*)

Según el Censo Nacional de Población y Vivienda 2012, El Alto es la segunda ciudad con más población de Bolivia con 848.452 ciudadanos, después de Santa Cruz cuya población es de 1.454.539 habitantes. En tercer lugar, está La Paz con 766.468 habitantes, y luego Cochabamba con 632.013 personas.

El mismo Censo, desagregado, señala que El Alto tiene 433.259 ciudadanos no pobres, de los cuales, en el marco de las Necesidades Básicas Satisfechas (NBS) existen 223.539 personas con nivel de satisfacción mayor a la norma. En el umbral de la pobreza están 309.720 personas con condiciones de vida aceptables.

En El Alto existen 300.390 personas pobres, clasificados en: a) 267.043 con pobreza moderada; b) 32.914 indigentes y; c) 433 personas en marginalidad o que carecen de niveles de bienestar.

En El Alto hay pobreza y pobreza extrema. Probablemente, los datos oficiales sean “muy suaves”. Tomemos dos ejemplos, o “casos no estadísticos”. Por una parte, la pobreza se manifiesta cuando las personas apenas tienen recursos necesarios para satisfacer sus primeras necesidades.

La señora Juana y su familia vivían en la pobreza; tenía dos hijas, apenas las alimentaba como vendedora ambulante de gelatinas y refrescos de k’isa (durazno deshidratado) en la carretera El Alto-Viacha, donde falleció atropellada por un camión, el 23 de enero de 2018. Dejó dos huérfanas.

La pobreza extrema se da cuando las personas ya no tienen ingresos económicos para las primeras necesidades. La familia Quino vivía en la Urbanización Junt’uma Distrito 8 de El Alto; tenía seis hijos, y no podía alimentarlos porque el padre y la madre padecían enfermedades, por eso la niña Eva Quino (12 años) falleció por desnutrición.

Sólo el hermano mayor de 19 años trabajaba, a veces de ayudante de albañil, por falta de trabajo seguro. La familia sobrevivía unos días, con poca alimentación; otros días con agua.

Es la realidad objetiva alteña. Existen factores involuntarios que pueden llevar a una familia a la pobreza y a la pobreza extrema. Problemas como el desempleo, salario insuficiente, enfermedad, uso inconsciente del dinero que acaba con grandes fortunas, conducen a las familias a una vida de subsistencia, a la forma de vida precaria, a “ganarse el pan de cada día”, y no así para guardar, acumular dinero con visión de crecer o ampliar la economía popular.

La pobreza se concentra en los sectores marginales de El Alto y es de población indígena. Son migrantes desde campo. Se trasladaron con “ganas de triunfar”, con ilusión y esperanzas por una mejor vida. Cuentan con educación, salud y servicios básicos: luz, agua, alcantarillado y hasta gas domiciliario.

Comúnmente los gobiernos de ayer y de hoy, los de derecha o capitalistas y socialistas o de izquierda siempre apostaron a superar esos tres servicios. En realidad, en la ciudad y en el campo ya tienen luz y agua, pero siguen siendo pobres.

Entonces, la pobreza no se trata solo de superar la condición humana, mediante servicios básicos. Se trata de superar estructuralmente el problema mediante mayor ingreso económico. Las familias alteñas pueden tener todos los servicios básicos, pero si no hay ingresos… Las políticas de Estado deben basarse en superar la economía de subsistencia, encaminarse a una economía de acumulación.

Se debe salir de una economía precaria y de la hambruna a la economía de bienestar social, de acumulación, de mayor ingreso familiar. Mientras no exista el mejor ingreso económico, aunque veamos luz, agua, educación y salud, no se superará la pobreza.

No permitamos que el hambre haga sucumbir al pueblo. Una cosa es reconocer de palabra la situación de la pobreza y otra es combatir ese mal, pero en la práctica.

Quienes cambiarán estructuralmente los problemas cotidianos de El Alto serán la élite intelectual alteña identificada con el pueblo, porque conocen diariamente lo que sucede con los alteños. La prioridad fundamental es erradicar la pobreza, porque cada minuto de demora es una nueva amenaza para el pueblo alteño.

(*) Ricardo Mamani Ortega es sociólogo y fue Secretario General del Gobierno Autónomo Departamental de La Paz.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here