Francia 2 Bolivia 0: dos equipos, dos mundos, dos siglos

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Por Ricardo Bajo (*)

Introducción: Bolivia se enfrenta a la última campeona del mundo. Hemos pasado de montar amistosos con la ex Birmania a jugar con Francia en su casa. ¿Sirven estos partidos? Jugar siempre suma.

El equipo de Deschamps se prepara para disputar las eliminatorias rumbo a la Euro 2020 y el “team” de Villegas se alista para debutar contra Brasil en la Copa América, pensando más en la eliminatoria camino a Qatar 2022. El francés apuesta por los Varane, Umtiti, Pogba, Griezmann y Mbappé.

Villegas, fiel a su estilo, planta el autobús y forma con un ultradefensivo 4-5-1 (tres hombres de contención y dos por afuera –Chumacero y Saavedra a pie cambiado por izquierda- con la fantasía de conectarse con Martins).

Nudo: pelota perdida en cancha rival, “contra” veloz francesa y gol en el minuto cuatro. La pareja de centrales de Bolivia está formada por Haquim (Puebla de México) y Jusino, suplente en Bolívar.

El trivote defensivo (Galindo, Justiniano y Castro) ni muerde ni se despliega. La “verde” se mete atrás, incluso acumula nueve hombres en su área. Cuando “les bleus” se relajan, el libreto no tiene idea de ataque y desaparece.

La primera parte (a ratos una práctica con público que hace la ola mexicana) termina con un amable 2-0. En las estadísticas aparece un dato: cero remates al arco de la visita, cero.

Desenlace: en la segunda parte, Villegas introduce más marca el medio; saca a Galindo y mete a Saucedo. Lampe, después de un torneo regular con San José, se convierte en la figura.

El segundo cambio también es defensivo: el lateral de Blooming Fernández entra por Saavedra. Martins baja y se coloca de volante de contención. Más madera para evitar la goleada. El Francia vs Bolivia pone de manifiesto una verdad por todos conocida: estamos muy lejos del fútbol atlético de hoy en día.

El balompié del siglo XXI es sinónimo de (alta) velocidad, marca exigente, primer toque, fortaleza física, laterales de ida y vuelta… La joven Bolivia de Villegas es el antónimo, un (mal) equipo del siglo pasado, de otro mundo.

(*) Ricardo Bajo es periodista

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